La obediencia pasiva es la negación del deber

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Los medio mediáticos mercuriales capitalistas de (in)comunicación globalizados, después del fracaso rotundo de “las primarias municipales” y pensando en lo que será la abstención de la ciudadanía en las elecciones municipales, parlamentarias y presidencial, los testaferros de la oligarquía empresarial farisea sofofa, la corrupta clase politicastra, machacan; “hay que volver a la obligación de votar”: mano dura con la abstención, multas y cárcel para el que no vote. Habráse visto tamaña desfachatez, descaro, e insolencia de los corruptos frente al peligro que la digna resistencia civil ciudadana les prive del chollo heredado de la dictadura cívico-militar de marras.
Cuando la conciencia moral considera que la autoridad es ilegítima – no existe una constitución soberanamente elaborada y sancionada por el pueblo, la corrupción, la impunidad y la justicia social, asfixia y estrangula a la mayoría de la población marginada- obedecerla, es una cobardía y el que la obedece traiciona a su sentimiento del deber. A los corruptos politicastros les reiteramos que la sociedad y la persona se condicionan recíprocamente. Por el respeto a la justicia, medimos la civilización de la primera, por la austeridad en el deber valoramos la moralidad de la segunda. La fórmula de la justicia social es garantizar a la persona /ciudadano todos sus derechos, la fórmula de la dignidad individual es cumplir todos los deberes correspondientes. Consecuentemente, se debe perseguir el equilibrio ideal de ambas. Quien siempre habla de nuestros derechos sin recordarnos nuestros deberes, traiciona a la justicia, pero mancilla nuestra dignidad quien predica deberes – como lo hacen los corruptos politicastros- que no son la consecuencia natural de los derechos efectivamente ejercitados. Veamos, en la Arcadia Mercurial de la alegría: ¿Qué pasa con los derechos a la educación, a la cultura, a la atención médica, al trabajo y la vivienda digna. etc.? Ni hablar de la Justicia, es un fiasco, hay dos tipos de justicia, con corbata y sin corbata.
El deber es un corolario de la vida en sociedad. Si la moral es social, los deberes son sociales. En todos los tiempos ha existido el sentimiento del deber, pero manifestado concretamente en deberes variables con la experiencia social, distintos en cada época y en cada sociedad, perfectibles como la moralidad misma.
Si la Justicia fuese perfecta, en la sociedad podría concebirse el deber absoluto, pero esta hipótesis no ha sido realizada en ninguna sociedad. La injusticia ha existido y existe, creando el privilegio, que es la violación del derecho. De esto, se concluye que no ha existido el deber, ni que debe existir respetando la injusticia. El sentimiento del deber, si es absoluto en la conciencia de la persona, es relativo a la justicia de la sociedad. Donde es violado el Derecho, tórnase menos imperativo. Cuando todos los derechos son respetados, cada persona se inclina a cumplir sus deberes. Ninguna fuerza coercitiva puede imponer normas de conducta contrarias a la propia conciencia moral. La obligación del deber sólo reconoce la sanción de la justicia plena…

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La obediencia pasiva como lo pretende la oligarquía empresarial farisea sofofa y sus testaferros la clase politicastra y su vocero el oráculo mercurial es la negación del deber. El individuo que dobla su conciencia bajo la presión de ajenas voluntades, ignora el más alto entre todos los goces, que es obrar conforme a sus inclinaciones. Se priva de la satisfacción del deber cumplido, por el puro placer de cumplirlo. La obediencia pasiva como la pretendió imponer la dictadura cívico-militar de marras y hoy la clase politicastra es domesticidad sin crítica y sin contralor, signo de sumisión/ rastrerismo o de avilantez y descaro.
Afirmar que el deber es social no significa que el régimen o la autoridad cesarista puedan imponer su autocracia al ciudadano, el sentimiento del deber es siempre individual y en se refleja la conciencia moral de la sociedad. Pero, cuando el régimen o la autoridad cesarista no es la expresión legítima de la conciencia social, el deber consiste en la desobediencia civil, aún a precio de la vida misma. Así, lo ha estado demostrando la juventud chilena en su lucha por recuperar su país, su nación, su patria con una constitución elaborada y sancionada soberanamente por el pueblo, su Universidad con su autonomía, su educación, su cultura, etc. Así lo enseñaron con altos ejemplos de heroísmos: el padre de la Patria, General Libertador Bernardo O´higgins Riquelme y el compañero Presidente, Dr. Salvador Allende Gossens en sus luchas por la independencia política y económica de Chile. El asesinado Presidente de Chile, el Dr. Allende Gossens procuró, con lealtad, firmeza, y viril energía, honradez, talento, consecuencia en sus principios, tenacidad, el advenimiento de la Justicia Social con dignidad y con libertad en la cual creyó, y por la que ofrendo heroicamente su vida.
Como colofón, les reitero a mis estudiantes, a los jóvenes que no han deshonrado su juventud – “Ser joven en ésta época, en América Latina, implica una gran responsabilidad, y la juventud tiene que asumirla. Tenemos que pensar en una Universidad comprometida, con el pueblo, con el cambio social, con la lucha por la independencia económica y la soberanía de nuestro pueblo. Para que termine la realidad brutal que por siglos pesa sobre nosotros, se requiere formar profesionales comprometidos con el cambio social” -, los deberes son el reflejo de los ideales sobre la conducta, cuanto más intensa es la fe en un ideal, más imprescindible es el sentimiento que empele a servirlo.
En la medida que la Justicia va consagrando los Derechos del Ser Humano, surgen los deberes que son su complemento natural y les corresponden como la sombra al cuerpo. Puesto que las personas no viven aisladas, es deber de cada una concurrir a todo esfuerzo que tienda al mejoramiento de su pueblo, desempeñando con eficacia y responsabilidad las funciones apropiadas a sus aptitudes. El individuo que elude el deber social es nocivo a su pueblo y a la Humanidad.
Libres son los jóvenes que luchan por sus ideales y sus sueños, que nunca hacen cosa alguna que les repugne ni intentan justificarse culpando a otros de sus propios errores. Esclavos son los que esperan el favor ajeno y renuncian a dirigirse por si mismos, incurriendo en mil pequeñas vilezas que carcomen su conciencia. Jamás un joven digno que lucha por darle sentido a su vida, juntará migajas en los festines de la clase oligarca empresarial farisea sofofa, que envilece a la juventud aconsejándole el fácil camino de la servidumbre rutinaria a través de su educación enajenante como “bien de consumo por y para el lucro” y los medios mediáticos mercuriales y de (in) comunicación globalizados de la tiranía más despótica y desarmada de la celestina universal, el dinero, de la Globalización del Capital….
Con esperanza y memoria.
Prof Moreno Peralta / IWA
Secretario Ejecutivo de ADDHEE ONG

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