Conviértanse y crean en el Evangelio.

Conviértanse y crean en el Evangelio.

Lucas 4, 1-13.

El miércoles de cenizas hemos dado comienzo al tiempo litúrgico de la cuaresma.

La cuaresma es un tiempo de conversión. Esto no quiere decir que sólo en este tiempo debemos convertirnos. No. Siempre hay que convertirse. Sólo que la Iglesia, como Madre y Maestra, cuarenta días antes de la Pascua, usa este tiempo, para recordarnos, en forma pedagógica y litúrgica, algo que siempre debe estar presente y activo en la vida de un discípulo de Cristo: la conversión. Siempre hay que estar volviendo nuestro rostro y vida al Señor.

La conversión significa estar luchando y venciendo las tentaciones y vicios que son las que comúnmente le ponen obstáculo. Por eso Evangelio referente nos habla de Cristo en el desierto siendo tentado y diciéndonos cómo Él las venció.

Hablamos de tentación cuando se siente la presión de los malos instintos, en distintas circunstancias de nuestra vida que, nos quieren conducir al mal.

Jesús no tenía nuestros malos instintos, pero Jesús, guiado por el Espíritu, se dejó probar a sí mismo, enfrentando al espíritu malo en el desierto.

‘Jesús, lleno del Espíritu Santo, inició su misión sometiéndose a una prueba muy dura: cuarenta días de soledad total y ayuno. En ese retiro o «desierto», Jesús experimentó su fragilidad como criatura, y sus dudas antes de saltar a lo desconocido, pues dejaba la vida de Nazaret para entregarse a la voluntad del Padre, en una misión que, en poco tiempo más, lo llevaría a la muerte’.

En estas circunstancias Jesús, el Dios hecho Hombre, para liberarnos de toda servidumbre personal y social, fue tentado.

El Evangelio nos presenta una triple tentación en un intento de seducir a Cristo en el desierto. La tentación fundamental fue la de pervertir la naturaleza de la misión encomendada por su Padre: Él debía pasar por la humillación y la cruz redentora, y la tentación buscaba convertirlo orgullosamente en un Mesías terreno, lleno de riquezas y poder, con influencias políticas como lo esperaban los judíos.

La triple tentación de Jesús nos hace encontrar las raíces más profundas de nuestras propias tentaciones, las grandes fuentes de nuestros vicios y seducciones. Hay tentaciones desde nuestro interior y otras que nos vienen desde afuera. Éstas se nos presentan en varias formas, según nuestro temperamento, según nuestras condiciones de vida y también según nuestra misión especial o particular. Pero, en el fondo o raíz de todas ellas, está el querer cambiar a Dios a quién sólo debemos adorar, por los ídolos del mundo, que aparentemente se presentan como un objeto de adoración o de idolatría. Todo ídolo es una mentira del príncipe de la mentira, ‘que es mentiroso desde el principio’.

El Evangelio nos hace concluir que las raíces en nosotros y fuera de nosotros, que hacen estos falsos dioses, son el ídolo de la riqueza, del poder y del orgullo. Los Obispos de América Latina y el Caribe, al respecto nos advierten: «Nada es divino y adorable fuera de Dios. El hombre cae en la esclavitud cuando diviniza o absolutiza la riqueza, el poder, el sexo, el placer o cualquiera creación de Dios, incluso su propio ser o su razón humana… (Orgullo)…». (Puebla 491).

«Dile a esta piedra que se convierta en pan»: es el ídolo de la riqueza, de la posesión y acumulación concentradora, en pocas manos, de los bienes. Al nivel de nuestra sociedad injusta, el ídolo de la producción de riqueza, del crecimiento y desarrollo, beneficiando a una minoría de privados, «no chorreando nunca». Es la política económica de las privatizaciones de la riqueza, a costa de la explotación de los trabajadores y de los pobres, haciendo la injusticia y el «pecado social».

«Será tuyo el poder y la gloria del mundo»: es el ídolo del poder, que nos tienta de diversas formas, porque hay muchas maneras de dominar, de utilizar a los demás; hay diversos modos de hacerse de poder, de prestigio y posición sobre todo y sobre todos. Es una manera de obsesivo trabajo para hacerse un «reino» en nuestro medio o país, ninguneando o aplastando a los demás. Este ídolo es la tentación de la vida política, social y cultural.

Esto lo estoy viendo en Chile desde hace tiempo. Hoy lo veo muy profundizado. El ídolo del poder está en los políticos y candidatos a distintos cargos. Utilizan diversas formas, usando cualquier medio, como ha lugar. Consciente o inconscientemente están siendo Maquiavelo: «El fin justifica los medios». Los Partidos y sus políticos no cambian y, menos se han convertido.

«Tírate de aquí a abajo, porque está escrito que los ángeles cuidarán de ti»: es el ídolo del orgullo, que nos hace pensar que somos ilimitados, que no necesitamos a Dios. Esta tentación está en la raíz del ateísmo, porque hay olvido práctico de Dios en nuestra vida de fe; porque hay ausencia de vida cristiana; porque no hay una espiritualidad desde abajo: desde la pequeñez y desde la humildad, con alma y corazón de pobre; porque hay autosuficiencia egocéntrica, incluso sin conciencia de la fragilidad y condición pecadora humana, se llega no sólo al olvido de Dios, sino también a no sentir necesidad de Él. Es el ateísmo práctico. Mal llamado «católico a su manera», que de nada sirve, para nuestro esfuerzo por querer recuperar la credibilidad del Pueblo de Dios (Iglesia) en estos tiempos difíciles y de crisis.

Jesús rechazó las tentaciones del demonio, acudiendo a la fuerza de la Palabra de Dios. Con ello, Jesús nos enseña a ser de oración y contemplación del Evangelio; a ser un impregnado del Verbo Encarnado y a recurrir a Él, para superar toda crisis y toda tentación.

El que ha llegado a ser de Jesús no olvida: ‘que Él no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas’.

Presbítero Eugenio Pizarro Poblete*

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