Francisco, el Papa de la Patria Continente América Latina y el Caribe: bienvenido a casa. Sobre confianza social, seguridad y las bases estadounidenses en Colombia.

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Prf. Francisco de Roux, SI.

Estoy convencido que tenemos que hacer una reconstrucción total de este país poniendo en el centro la confianza basada en la dignidad humana. Y no la seguridad basada en la incertidumbre y el miedo.

Juzgo que tenemos que construir “capital social” que es el acumulado de confianza que nos damos unos a otros, los ciudadanos de una nación cuando creemos en nosotros a pesar de ser seres humanos con errores, fallas, temores, como todos los seres humanos de todas las naciones del mundo.

Mi experiencia ha sido de acompañar comunidades populares y campesinas que crecen en confianza y, desde ellas mismas, solucionan problemas de abusos y de violencia social, porque se construyen desde la convicción de que podemos aceptarnos y corregirnos unos a otros como colombianos.

Estoy convencido que el miedo y la insistencia en la seguridad y, por tanto, la necesidad de elevar el presupuesto de ciudadanos armados en el Estado y de incentivar los sistemas de seguridad privada en la ciudad y en el campo, no es el camino para construir una nación.

Prevenir a la gente para que se cuide de otra gente de colombia y mostrar que hay inseguirdad para que la gente confíe en las armas y no en la gente, es una pedagogía que no sirve para estructurar una ética pública seria desde la confianza en la grandeza humana de todos los colombianos, que es la base humana y cristiana que necesitan nuestras leyes y nuestras instituciones.

Sé que en Estados unidos se utilizó eficazmente el miedo contra el terrorismo `para legitimar la destrucción de Irak y para la segunda campaña de Bush. Pero el mundo conoce el dolor y el error que se siguió de allí. Un pueblo destruido, con una guerra civil que no acaba de terminar. Pero el petróleo está a buen recaudo, en manos de las empresas multinacionales de Estados Unidos, Inglaterra, etc.

Me preocupa que se haga un acuerdo con Estados Unidos para que utilice las bases colombianas con todo lo que militarmente se requiera contra el peligro interno que hay en Colombia. Me preocupa justamente, cuando se dice que es solamente por la inseguridad interna que se requiere aquí del gigantesco poder militar de los Estados Unidos. Me preocupa el mensaje que se da a la comunidad nacional colombiana: no somos capaces de darnos tranquilidad los colombianos, hay que invitar a Estados Unidos a que nos la de, hay que invitar a los militares de Estados unidos…

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Estoy de acuerdo que enfrentamos un conflicto armado interno que requiere que el Ejército y la Policía de Colombia tomen la iniciativa, porque la guerrilla le ha declarado la guerra a nuestro Estado.

Estoy de acuerdo que en todos los espacios e instituciones de nuestra sociedad hay que ir hasta el final para erradicar la mafia del narcotráfico. Pero la inmensa mayoría de los colombianos estamos en contra de la guerra de la Farc, del Eln y de los Paramilitares, y hay un alma profunda colombiana que quiere verse libre de la cocaína. Eso mismo me lleva a pensar que tenemos que rescatar la confianza entre los colombianos. La confianza de que somos capaces y todavía podemos creer en nuestra capacidad de rescatarnos juntos, sin necesidad de señalarnos y matarnos, para superar nuestra tragedia.

Tampoco he dicho que el modelo económico de Colombia sea extractivo. En la conferencia en que se me cita, mostré modelos de desarrollo extremos para dar ejemplo de lo que se hace cuando el desarrollo es la gente y lo que se hace cuando el desarrollo es producir devisas. La realidad aquí es mucho más compleja y se nos pone por delante un desafío de creatividad, producción sostenible y justicia.

Su artículo me pone a hablar como Provincial de los jesuitas. Mis palabras en el evento académico en que se me cita no las expresé como superior religioso. Es mi apreciación personal. Soy miembro de una comunidad extraordinaria, en el seno de la Iglesia, donde sobre estos asuntos discutibles tenemos diversos puntos de vista y donde, en el respeto más profundo, apreciamos esta diversidad que nos permite contribuir a  la construcción colectiva de comunidad a escala humana en el marco irrestricto de la defensa de la dignidad  de los Derechos del Ser humano y del Entorno Ecológico.

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